GUIANDO LOS SENTIDOS

  • Jose Arco

Guiando los sentidos (Parte II)

Al día siguiente nos planteamos hacer una ruta por el bosque, así que después de derretir nieve para nuestros desayunos liofilizados nos fuimos a recorrer el bosque y jugar a ‘perdernos’ para luego, siguiendo nuestro instinto volver al campamento por intuición. En esta actividad todos participaron, incluido por supuesto Javi, donde demostró, una vez más, que estaba más orientado que otros miembros del equipo. Por la tade teniamos un reto, intentar hacer fuego en un entorno frio con los recursos mojados y escasos. Este ejercicio es mi preferido pues, aparte de conseguir hacer fuego o no, muestra mucho más de lo que nos imaginamos de cada persona, si eres ordenado o desordenado, paciente o impaciente, características intrínsecas tuyas y actitudes provocadas por el momento especifico, tienes frio, te estás mojando o tienes hambre…, súper interesante como siempre.

Tras nuestra segunda noche en el mismo emplazamiento de nuestro campamento por la mañana desmontamos todo y preparamos nuestras pulkas para trasladarlas de nuevo a la estación de Geilo y desde allí a Finse. Montar y desmontar campamento y preparar pulkas es una actividad que fácilmente lleva 2 horas, sobre todo en los primero días y que difícilmente baja de una hora, sin duda en travesías donde se monta y desmonta cada día es una de las actividades que más tiempo y energía requiere y eso hay que tenerlo en cuenta para el planteamiento de las distancias y de los esfuerzos que cada día queremos llevar a cabo, pues hay que reservar siempre energía para montar el campamento, derretir nieve, cenar, reparar cualquier problema que pueda surgir…, sin duda un tiempo y esfuerzo que si no se tiene en cuenta repercutirá muy negativamente en el resultado final de tu travesía.

Campamento sobre el lago congelado en Finse

Al llegar a la estación de tren nos llevamos una desagradable sorpresa, la línea férrea estaba cortada entre Geilo y Finse debido a un alud…, había que replantear el día. Había dos opciones, volver al bosque y montar de nuevo el campamento o buscar un alojamiento en Geilo, tomar el día de descanso, secar las cosas que estaban húmedas y disfrutar de una buena y cara cena en el pueblo…, ganó la opción dos.

Al día siguiente los ánimos estaban en lo más alto, todo el mundo estaba deseando moverse a Finse y disfrutar de ese entorno con el que habían soñado desde mis primeras descripciones del lugar. La línea de tren estaba abierta y teníamos un día genial, con muy poco viento, ideal para montar nuestro campamento en el gran plato que se encuentra detrás de la estación de tren de Finse. Tras media hora de tren, bajamos nuestras pulkas, entramos en la estación nos preparamos y adelante. Ya con Javier tirando de su pulka sobre el grandioso lago helado nos dirigimos hacia el oeste, tras varias horas de travesía hipnotizados por la belleza y soledad del lugar encontramos un emplazamiento para nuestro campamento entre dos pequeñas colinas que sobresalían del lago donde el viento sería menos intenso en la jornada siguiente, para la cual se esperaban 70 km por hora. Montamos concienzudamente el campamento aplicando las técnicas que habíamos trabajado en Geilo para el montaje de tiendas en caso de vientos fuertes o muy fuertes, y después nos dedicamos a construir nuestro muro de bloques de nieve para protegernos del viento. Curiosamente el muro lo montamos cubriendo la zona de nuestro campamento opuesta a la dirección del viento en ese momento, pues la previsión nos decía que a partir de las 9 de la noche el viento viraría soplando fuertemente desde el oeste. Esto es fundamental considerarlo, pues puedes invertir mucho tiempo y esfuerzo en hacer tu muro, un muro consistente lleva varias horas construirlo, y finalmente el viento te sople de la dirección opuesta.


Muro paraviento en el plato de Hardangervidda

Al día siguiente nos esperaba un nuevo reto, movernos por el plato con vientos de hasta 50 km por hora. Decidimos dejar el campamento montado en el mismo lugar y movernos sin las pulkas, con nuestras mochilas y las raquetas. Esto suponía un desafio adicional para Javi, pues para él poder escuchar es fundamental debido a su ceguera y con este viento las dificultades para comunicarnos entre todos los miembros del equipo aumentaban y especialmente con Javi. Por esta razón Yosu desarrollo un código con Javi donde utilizaban distintas maneras de contacto con el brazo para indicar distintas acciones. Por ejemplo, dos toques con el brazo significaba parar. Además llevábamos una de mis herramientas de seguridad favoritas, el windsack, que básicamente es una especie de tienda de campaña con forma de globo preformada donde los siete integrantes del equipo nos podíamos meter en cualquier momento y rápidamente, descansar ,comer, calentar algún píe, manos o simplemente poder oírnos. Javi era consciente desde el primer momento de que el viento podía ser un condicionante para la comunicación, se había preparado para ello y sin duda suponía un reto personal para él que supero con creces.


Arrastrando nuestra pulka

Para este tipo de travesías llevamos varios elementos de seguridad, en este caso, tres gps, protocolo de seguridad con toda la información relevante, el mencionado wind sack, mantas de supervivencia, pala, sonda, arva, ropa extra en bolsa estanca, baterías extras, 2 botiquines de guía, calentadores de pies y manos, entre otras cosas… Pero sin duda el elemento estrella es el dispositivo garmin inreach, una autentica joya de la seguridad en este tipo de entornos donde la cobertura móvil es escasa o la mayoría de las veces nula. Este aparato emite nuestro posicionamiento en tiempo real vía satélite, lo cual permite que desde casa nos puedan seguir a través de una página web, botón SOS que conecta con un centro de asistencia internacional que gestiona la llamada de emergencia, posibilidad de enviar mensajes sms y recibirlos, y también la posibilidad de recibir el pronóstico del tiempo para la zona donde te encuentras, todo ello vía satélite. Sin duda un elemento de seguridad imprescindible.

En nuestra ruta de este día ventoso alcanzamos un pequeño collado que conecta el plató con un valle algo más cerrado y absolutamente solitario. Desde el punto más alto pudimos contemplar y disfrutar de la autentica grandeza y belleza del lugar. Tiempo para fotos y disfrute en estado máximo.


Javi Rojas guiandose solo por el sonido de las raquetas

Volvimos a tener una velada mágica en nuestro tipi con la acostumbrada cena y compartiendo sentimientos bonitos y profundos sin duda inspirados por la experiencia que estábamos viviendo. En estos sitios te das cuenta con lo poco que podemos ser felices, todo lo que necesitabamos cabe en 4 pulkas.

El día siguiente se presentaba tan interesante como duro, el plan era, si el tiempo lo permitía, subir al imponente glaciar que domina el plato y montar nuestro campamento cerca de las estación de tren para que a la mañana siguiente resultara más fácil estar en hora en la estación del tren de Finse y coger el tren que nos llevaría a Oslo. Tras las casi dos horas desmontando el campamento y con las pulkas ya preparadas nos dirigimos de vuelta hacia el este. La idea inicial era buscar el emplazamiento para nuestro campamento, montarlo y después subir al glaciar, pero el día era fabuloso, mucho mejor de lo que la previsión meteorología auguraba y por tanto decidimos dejar las pulkas en el lugar elegido para montar el campamento, a un kilometro de la estación, coger nuestras mochilas y subirnos al glaciar. Comenzamos la ruta, en estos entornos con la atmosfera tan limpia y con este color blanco por todas partes las distancias siempre parecen menores de lo que en realidad son. Casí desde el principio podíamos ver el collado que nos permitiría acceder a la gran planicie que hay sobre el glaciar, pero pese a que nos movíamos a buen ritmo las horas pasaban en mitad del silencio y la soledad del lugar acompañados, eso sí, por un días espectacular. La rampa final se hizo muy dura, allí el viento era más fuerte y la pendiente de unos 40 grados se hacía notar. El borde superior, que daba acceso a la gran planicie, se hacía cada vez más visible y finalmente todo el equipo alcanzo el impresionante plató superior del glaciar. Un lugar simplemente mágico al que la dureza de la subida le dio un toque épico que nos hizo ensanchar el corazón y estrechar los lazos de unión entre el equipo. Tras alguna lagrima de emoción, comenzamos la bajada hacía el lugar donde habíamos dejados las pulkas.


En nuestro campamento base

Por el camino comencé a sondear como se encontraba cada miembro del equipo pues mi impresión era que lo habían dado todo y que montar las tiendas iba a ser duro, lo comenté con Yosu y decidimos plantearles la posibilidad de tomar el último tren de esa misma tarde a Oslo y pasar la noche en la capital de Noruega. La respuesta fue clara, sus expectativas del viaje habían sido más que satisfechas y la posibilidad de pasar la noche en una confortable cama de hotel erá un final perfecto para un día perfecto.

Recogimos nuestras pulkas y pusimos rumbo a la estación. Ese último kilometro nos sumió en nuestros pensamientos, el lugar nos intentaba retener, era como un lazo que se había establecido y que no queríamos romper. Volveré y volverán, el lugar lo merece.

Olso nos regaló un día de paseo, risas, fotos, comidas sin liofilizados, compras de recuerdos y regalos pero sobre todo una improvisada reunión de equipo sentados comodamente en el hotel donde cada uno de nosotros pudo compartir con sus compañeros como se había sentido y que había supuesto la experiencia. Para mí este momento fue mágico, reafirmó una vez más porque me dedico a esta profesión, compensa estar lejos de mi familia y me anima a seguir trabajando duro. Mi aportación fue recalcar el hecho de que el equipo no eran de siete personas, una de ellas ciega, sino simplemente de 7 personas, cada uno con sus capacidades’. Y la frase que lo corroboró la pronunció Javi Rojas, ‘He vuelto a ver…’


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